El número de estos animales crece en las protectoras y perreras. Perros como cualquier otro, criminalizados sin conocerlos solo por su aspecto, por la potencia de su mandíbula. Perros que son, con frecuencia, inofensivos y cariñosos. Pero da igual que muchos ejemplares tengan un carácter perfecto. Las adopciones apenas salen.

A la gente le impone su apariencia, no quieren verse obligados a llevar un animal con bozal y siempre atado (con una correa de menos de dos metros, no extensible) y mayores restricciones que el resto, no desean que les miren con miedo por la calle, que haya gente (también gente con perros) que se cambie de acera… Y también es verdad que obtener la licencia obligatoria para su tenencia es algo que tira para atrás, aunque sea un trámite muy sencillo.

¿Cómo se obtiene esta licencia?

Algo necesario para adoptarlos y que debemos llevar siempre con nosotros. No es difícil. Hay que solicitarla en nuestro Ayuntamiento (o el órgano municipal que lo tenga delegado, pero en el Ayuntamiento nos informarán).

Tenemos que acreditar lo siguiente:

• Nuestra mayoría de edad.

• Un certificado de penales que muestre que no tenemos antecedentes.

• Aportar un certificado de aptitudes físicas y psicológicas que se obtiene en los mismos sitios en los que se renueva el carnet de conducir o la licencia de armas.

• Contar con un seguro de responsabilidad civil por daños a terceros con una cobertura mínima de 130.000 euros. El perro (o los perros, una misma licencia vale para varios) que tengamos y que corresponda con las características de un PPP debe además estar identificado con un chip e inscrito como tal en el registro municipal.